Muchos de vosotros me decís que os cuesta meditar, que vuestra mente no para y que os cuesta estar quietos.
A mí me pasa lo mismo.
Es normal. Nuestro mundo externo está continuamente moviéndose y nuestro mundo interno se mueve con él. Nuestra cabeza es un continuo tráfico de pensamientos y quehaceres, emociones y sensaciones.
Así que os cuento algunas estrategias que utilizo para que ese tráfico interno sea lo más ordenado posible, que los coches vayan cada uno por su carril y no se choquen entre sí, y que «el guarda urbano» logre hacer su trabajo de la forma más eficaz posible ☺️
Traducido, lograr mayor atención y estar más a gusto en la quietud.
1°
Entender que meditar es observar lo que pasa en nuestra mente. Tan sencillo como eso. Si nos quitamos el peso de que meditar es «no pensar» nos podremos relajar en ser espectadores de nuestra mente, que de forma natural, es pensante. Esto es lo que se llama la «consciencia testigo».
2°
Entender que lo que estamos observando (pensamientos, emociones, sensaciones físicas…) no nos identifica. Los pensamientos y emociones cambian, así que al desvincularnos de ellos, logramos una perspectiva ecuánime y tranquilizadora (una «consciencia testigo» que observa sin juzgar).
3°
Utilizar el cuerpo y la respiración SIEMPRE como punto de partida. Hay muchas técnicas de meditación para conseguir diferentes objetivos o estados mentales, pero todas ellas tienen algo en común: anclar la atención en las sensaciones del cuerpo y la respiración.
Por ejemplo…
… Si el objetivo es relajarnos, llevaremos la atención a las sensaciones de quietud y descanso y a la respiración rítmica y tranquila.
… Si el objetivo es armonizar, dirigir o guardar la energía interna (prana), focalizaremos la atención en diferentes partes del cuerpo, respirando hacia ellas y trazando «recorridos psíquicos».
… Si el objetivo es cambiar una emoción o estado de ánimo, le daremos espacio en el cuerpo y en la respiración, trayéndolo al presente, a la superficie de la consciencia, para identificarlo (es miedo? es ansiedad? es tristeza? es culpa?) y desde ahí, poder gestionarlo.

4°
Movernos antes de quedarnos quietos. Lo ideal es hacer yoga antes, porque prepara al cuerpo y abre la respiración y la consciencia para sentarnos a meditar. Si no es posible hacer una práctica completa, al menos haz algún ejercicio de calentamiento o movilización de la columna. También vale correr, bailar…
5°
Entender que la mente va a tender a ir allí donde está acostumbrada. Si tu tendencia es preocuparte, tu mente te llevará a sobrepensar y angustiarte. Si entrenas tu mente a detectar esos pensamientos y emociones y dirigirlos hacia otros lugares (como la aceptación), lograrás la calma y el foco para transformar eso en otras formas (como mayor creatividad para encontrar soluciones).
6°
Entender que la vida es cambiante y unos días «se nos da» mejor que otros. No fustigarmos y seguir. A mayor práctica, mayores resultados.
¡Gracias por llegar a leer hasta el final!
¿Y a ti? ¿También te cuesta meditar? ¿Tienes alguna estrategia para lograr una rutina de meditación?
En los retiros meditamos. De muchas formas, con diferentes técnicas y objetivos. Y alcanzamos estados físicos, mentales y emocionales que nos dan armonía y bienestar.
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